Gonzalo Hernández Araujo · Notas e investigaciones
Bitcoin cumplió 18 años. La confianza no desapareció.
Hay una forma sencilla de explicar Bitcoin sin empezar por una palabra como blockchain. Empieza con dos pizzas.
En mayo de 2010, Laszlo Hanyecz ofreció 10,000 bitcoins a quien comprara dos pizzas y se las llevara a su casa. Un estudiante aceptó: pagó alrededor de 25 dólares con su tarjeta, recibió las pizzas y Laszlo le envió las monedas por internet.
Hoy la cifra provoca el cálculo inevitable: ¿cuánto valdrían esas monedas ahora? Pero ese no es el punto más interesante. Antes de esa compra, Bitcoin podía parecer una colección de números en una pantalla. La pizza le dio un uso reconocible: alguien entregó algo del mundo real y alguien más pagó con dinero que sólo existía en internet.
Año y medio antes, el 31 de octubre de 2008, alguien que usaba el nombre de Satoshi Nakamoto envió un correo a una lista de criptografía. El asunto era «Bitcoin P2P e-cash paper». La frase de apertura prometía un sistema de dinero electrónico completamente entre pares, sin una tercera parte confiable. El enlace llevaba a un documento de nueve páginas: Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System.
Dieciocho años después, el aniversario llegó acompañado de un recordatorio incómodo. El 29 de octubre de 2026, un atacante sacó alrededor de 6,300 millones de dólares de Binance a través de varias redes. El FBI atribuyó el robo al grupo norcoreano TraderTraitor; el 3 de noviembre, Corea del Norte negó su participación. Binance dice que no encontró evidencia de que se hubieran filtrado las llaves privadas: el atacante habría comprometido la infraestructura que solicita y ejecuta las firmas.
La coincidencia de fechas permite una lectura distinta de la habitual. El ataque no demuestra que Bitcoin haya fallado. Tampoco demuestra que la criptografía sea suficiente. Lo que muestra es que hay varios problemas de confianza superpuestos y que resolver uno no resuelve automáticamente los demás.
1. ¿Quién controla Bitcoin? Lo que el whitepaper sí prometía
El documento de Satoshi empieza por un problema concreto: cómo enviar dinero por internet sin pasar por una institución financiera que procese cada pago y decida cuál transacción cuenta como válida.
La dificultad central es el doble gasto. Un archivo digital se puede copiar; una moneda digital no puede gastarse dos veces si queremos que funcione como dinero. En el modelo tradicional, una institución lleva el registro y decide qué ocurrió primero. El whitepaper propone sustituir esa autoridad por una red que difunde las transacciones, las agrupa en bloques y las ordena mediante una cadena de pruebas de trabajo.
En lenguaje sencillo: en vez de que una sola oficina diga cuál es la versión correcta del libro, muchas computadoras conservan y revisan una historia compartida. Si alguien intenta gastar dos veces las mismas monedas, la red tiene reglas para aceptar una operación y rechazar la otra.
Bitcoin no elimina la confianza en un sentido universal. Cambia el lugar donde se deposita una parte de ella. En vez de confiar en que un banco mantendrá un registro correcto, el usuario puede verificar firmas, reglas de validación y una historia pública de bloques.
Eso ya es una diferencia enorme. Pero también es una delimitación. El whitepaper habla del registro de las transacciones y del doble gasto. No garantiza que una empresa custodiará bien tus activos, que un empleado no descargará software malicioso, que un servicio de firmas rechazará una orden absurda o que un emisor congelará un token cuando convenga.
La frase «sin una tercera parte confiable» siempre necesitó una pregunta adicional: ¿sin una tercera parte para hacer qué?
2. Binance no necesitó romper la cadena de bloques
La primera versión de la historia era sencilla: una computadora comprometida y transferencias no autorizadas. La investigación posterior describe una campaña más compleja, con ingeniería social, software malicioso, herramientas internas y acceso a la infraestructura que conecta a los operadores con las billeteras. Según Richard Teng, codirector de Binance, los atacantes usaron entrevistas de trabajo falsas y una herramienta de IA para entrar.
El punto técnico más importante es que las transacciones podían ser válidas desde el punto de vista criptográfico. No había que falsificar una firma ni alterar Bitcoin. Bastaba con conseguir que el sistema que administra las firmas autorizara lo que no debía autorizar.
Se suele comparar la llave privada con la llave de una casa: quien la tiene puede disponer del dinero. Aquí pasó algo más raro. No hay evidencia de que el atacante se llevara la llave. Consiguió que la puerta automática aceptara una orden que no debía aceptar.
En Ethereum, según el reporte inicial de Binance, el atacante abusó de EIP-7702, un mecanismo que permite delegar ciertas capacidades de una cuenta a un contrato inteligente. Con 50 transacciones de autorización estableció una delegación maliciosa, y después el contrato pudo mover activos sin pasar por el flujo normal de retiros.
La diferencia entre estos dos enunciados parece pequeña, pero cambia todo:
- «La firma es válida» describe una propiedad criptográfica.
- «La operación estaba autorizada» describe una decisión de gobierno.
La primera no prueba la segunda.
La billetera usaba computación multipartita, una forma de repartir el proceso de firma entre varios participantes. No existía una sola llave privada que alguien pudiera copiar. Eso no impidió el ataque, porque el problema estaba en los permisos y en la orquestación de las operaciones. La complejidad que protege contra un tipo de fallo no necesariamente protege contra otro.
El patrón aparece fuera de las criptomonedas: un sistema puede cambiar las reglas sin avisar. Puede tener una autenticación impecable y una autorización absurda. Puede registrar cada acción de forma inmutable y, aun así, registrar una mala decisión con total precisión.
3. Quién respalda una stablecoin: el mismo que puede congelarla
Después del robo ocurrió algo que incomoda a quienes entienden la descentralización como ausencia de intermediarios.
Tether, Circle y otros emisores congelaron una parte importante de los activos robados. Chainalysis calculaba alrededor de 2,800 millones de dólares congelados al 3 de noviembre; Binance reportaba 2,850 millones congelados o interceptados, una cifra que todavía puede cambiar.
La razón es que USDT, USDC y otras monedas estables no son iguales a Bitcoin. Aunque circulen sobre una cadena de bloques pública, tienen un emisor con capacidad de marcar direcciones y bloquear fondos. Esa capacidad es una vulnerabilidad desde el punto de vista de la resistencia a la censura. En un robo, también puede ser una herramienta de contención.
El atacante entendió la diferencia. Según Chainalysis, convirtió alrededor de 325 millones de dólares en stablecoins a unos 285 millones en ether durante cerca de veinte minutos para salir de activos que podían congelarse. La carrera no era sólo contra la cadena. Era contra los emisores, los analistas y los equipos de respuesta que estaban observando los movimientos.
Hay por lo menos tres preguntas que «está en una cadena de bloques» no responde:
1. ¿Quién puede validar la transacción?
2. ¿Quién puede congelar o revertir el activo?
3. ¿Quién tiene que responder si algo sale mal?
Bitcoin las responde de una manera. USDT y USDC, de otra. Un saldo en Binance, de otra distinta. Un sistema puede ser descentralizado en una capa (el consenso) y muy centralizado en otras (la custodia, la emisión, la recuperación).
4. Una prueba de reservas no es una prueba de seguridad
Binance dijo que cubriría el impacto con fondos propios, el fondo SAFU y otras reservas. El 30 de octubre afirmó haber apartado más de 6,340 millones de dólares. Después comunicó que había repuesto 80%, luego 90% y 95% del monto afectado, mientras compraba los tokens menos líquidos que faltaban. En una actualización publicada el 3 de noviembre, recordó que 98% ya estaba repuesto y describió las acciones tomadas desde entonces.
Reponer el valor en dólares no equivale a tener los mismos tokens disponibles. Comprar mucho de un token poco líquido mueve su precio y tarda más que cubrir Bitcoin o ether.
Y una prueba de reservas responde a una pregunta concreta: qué activos declara tener la plataforma en un momento dado y cómo se relacionan con los saldos de sus clientes. No responde quién pudo ordenar una transferencia, qué permisos siguen activos ni qué control debió detener una operación de ese tamaño. Una fotografía de la tesorería no es una auditoría del gobierno de las operaciones.
En finanzas personales solemos llamar «seguro» a cosas distintas: que un activo tenga precio visible, que se pueda vender rápido o que lo custodie una institución. Son tres propiedades diferentes, y ninguna implica las otras.
Abrí mi cuenta en Bitso el 31 de julio de 2020. El correo de bienvenida decía: «You've taken the first step towards a new era of commerce» y cerraba con «The future of money is here». Seis años después, la regla que me ha servido no viene de ese correo. Es más modesta: entra sólo lo que estoy dispuesto a perder. Lo demás es paciencia. No reviso cómo sube o baja; le puse algo de atención antes del último halving, en abril de 2024, y nada más. No es una estrategia de inversión. Es una forma de que el precio no decida mi humor.
Esa regla no resuelve los riesgos de custodia. Sólo ordena la pregunta: primero para qué es el dinero, cuánto puedo perder y quién lo controla. Después, el rendimiento.
5. ¿Es seguro tener bitcoin en una app? Depende de cuál
Cuando alguien dice «compré cripto en una app», puede estar hablando de servicios distintos.
Un exchange custodial, como Bitso, funciona como puente entre el sistema bancario y los activos digitales: permite depositar pesos, comprar o vender y retirar. Mientras los activos permanecen en la plataforma, la custodia depende de la empresa. Es cómodo para empezar, pero introduce riesgos de permisos, retiros, solvencia y respuesta ante incidentes.
Una app de stablecoins puede servir para mover o guardar USDT o USDC, pero una moneda digital referenciada al dólar no es una cuenta bancaria en dólares. Hay que mirar quién la emite, qué reservas la respaldan y quién puede congelarla. Tether, por cierto, publicó por el aniversario un cómic animado sobre Bitcoin (también en X, en español) que explica bien lo básico y advierte algo que suele perderse: que algo sea escaso no significa que sea estable. Vale la pena recordar quién lo publica: el mismo emisor que, en esta historia, pudo congelar fondos.
Una cartera de autocustodia deja las llaves bajo responsabilidad del usuario. Reduce la dependencia de un exchange, pero no elimina el riesgo: si se pierde la frase semilla o se entrega a un tercero, no hay centro de soporte que recupere el acceso.
Por eso la pregunta no es cuál es la mejor app, sino para qué la quieres: una rampa de entrada y salida, una cuenta operativa con stablecoins o una cartera donde tú controlas las llaves.
6. El mercado no reaccionó como en FTX
El ataque fue mayor que el robo de Bybit de 2025 y provocó una caída inicial de Bitcoin de alrededor de 3% a 4%. Cuando Binance reabrió los retiros, los clientes sacaron miles de millones: 3,640 millones de dólares de salidas netas en las primeras horas.
Pero el mercado no lo trató como una repetición de FTX. En FTX, la pregunta era si la empresa había usado dinero ajeno para sostener una estructura insolvente. En Binance, fue si la plataforma podía contener una orden no autorizada, reponer los activos y reabrir retiros sin trasladar la pérdida a los usuarios.
La confianza no desapareció. Pasó de la custodia cotidiana a la respuesta de emergencia, la tesorería y los emisores que podían congelar fondos.
La confianza no desaparece. Se reparte.
En 2008, Satoshi intentó retirar a una institución de una parte del problema del dinero electrónico. En 2026, Binance muestra lo que ocurre cuando el resto del sistema sigue compuesto por empresas, empleados, herramientas, permisos, emisores, tesorerías y reglas de emergencia.
Eso no invalida el whitepaper. Lo vuelve más preciso.
Bitcoin no prometía que nunca volveríamos a confiar en nadie. Prometía que una parte del registro podría verificarse sin pedir permiso. El resto depende de qué custodia usamos, qué activos elegimos, qué riesgos aceptamos y qué controles existen cuando una transacción válida no representa una decisión legítima.
Una salida puede ser matemáticamente válida y estar equivocada.
Dieciocho años después, la pregunta importante no es si la cadena es confiable en abstracto. Es más incómoda:
¿Qué parte del sistema le entregaste a alguien más y qué evidencia tienes de que sabrá responder cuando algo salga mal?
Si quieres probar Bitso
Bitso puede ser útil como puerta de entrada o salida entre pesos y activos digitales. No es una promesa de inversión: es una plataforma custodial, y lo que dejas ahí depende de sus controles, sus retiros y su respuesta operativa.
Si decides abrir una cuenta, puedes hacerlo desde mi enlace de Bitso. Es un enlace de referido: si cumples las condiciones del programa, Bitso puede pagarme una recompensa. Úsalo sólo si el servicio te conviene y consulta las condiciones vigentes antes de decidir; hoy piden registrarse con la liga, verificar la identidad y comprar o vender en los primeros 30 días.
Para leer más
- Digital Gold, de Nathaniel Popper, la historia de los primeros años de Bitcoin.
- Elliptic, análisis técnico del ataque y de los activos congelados.
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Las cifras del incidente cambiaron entre los primeros comunicados y las actualizaciones posteriores. Uso las reportadas por cada fuente en la fecha indicada, no una cifra definitiva.