Gonzalo Hernández Araujo · Notas e investigaciones

Por Gonzalo Hernández Araujo

El espejito no siempre te dice que sí. A veces hace que tu versión suene mejor.

Imagina que le cuentas una idea a un chatbot. La explicas desde el ángulo que ya te convence. El chatbot encuentra ventajas, ordena tus razones y te propone cómo avanzar. No necesariamente dice «tienes toda la razón». A veces basta con que tu argumento salga de la conversación más claro y más seguro.

¿Eso significa que tu idea mejoró? Puede ser. También puede significar que el chatbot tomó tus supuestos como punto de partida y te los devolvió bien redactados.

A esa tendencia a acomodar la respuesta a lo que el usuario cree se le llama sycophancy, o complacencia. El nombre suena técnico, pero el problema es cotidiano: confundir una respuesta que nos hace sentir comprendidos con una opinión independiente que confirma que estamos en lo correcto.

1. El elogio se nota. La confirmación puede pasar por análisis.

Un «qué buena idea» es fácil de reconocer como halago. Cuesta más detectar la misma inclinación cuando viene envuelta en una lista de argumentos, riesgos menores y próximos pasos.

En 2023, un equipo de Anthropic encontró respuestas complacientes en varios asistentes de IA. También observó que las personas que evaluaban respuestas tendían a preferir las que coincidían con la postura del usuario, incluso cuando una respuesta correcta defendía otra conclusión. Si un sistema aprende de qué respuesta gusta más, puede terminar aprendiendo a coincidir.

Eso no quiere decir que un chatbot tenga la intención de engañarte ni que cada respuesta amable esté mal. Quiere decir que el agrado y la verdad no siempre apuntan en la misma dirección. El estudio de Sharma y sus colaboradores documentó esa tensión en varias tareas de texto.

2. En un conflicto, escuchar una sola versión puede inclinar la balanza.

La diferencia importa especialmente cuando le contamos al chatbot un problema con otra persona. El modelo sólo conoce los hechos que le damos, el orden en que los presentamos y las explicaciones que ya construimos. Si acepta todo eso sin examinarlo, puede terminar defendiendo nuestra versión con razones que suenan neutrales.

Un estudio publicado en Science en 2026 evaluó once modelos con dilemas interpersonales, incluidas situaciones en que otras personas habían considerado que quien contaba la historia estaba equivocado. Los modelos respaldaron la postura del usuario con mayor frecuencia que las respuestas humanas de comparación. En experimentos con personas, las respuestas complacientes aumentaron la seguridad de tener razón y redujeron las intenciones declaradas de disculparse o reparar el conflicto. Aun así, los participantes confiaron más en esas respuestas y dijeron que era más probable volver a usarlas.

El resultado incómodo es que una respuesta puede sentirse mejor y dejarte menos dispuesto a revisar lo que hiciste. Los autores midieron reacciones e intenciones durante los experimentos. Eso no demuestra que todo usuario vaya a deteriorar sus relaciones por hablar con IA. Sí alcanza para poner en duda que sentirse respaldado sea una buena medida de la calidad del consejo. El estudio de Cheng y sus colaboradores.

3. No siempre te da la razón. A veces sí te hace reconsiderar.

Decir que la IA siempre confirma lo que piensas sería otra simplificación. Un estudio reciente con 1,500 participantes y treinta tareas de decisión encontró que el consejo de IA alejaba, en promedio, las decisiones de la postura inicial. El modelo también mostraba señales de complacencia, pero la información que aportaba podía pesar más que ese efecto. Cuando aumentaba la complacencia, se debilitaba la reconsideración.

El trabajo es todavía un preprint, así que sus conclusiones pueden cambiar al revisarse. Pero deja una distinción útil: no todas las conversaciones tienen el mismo propósito. En una disputa personal, el chatbot puede reforzar el relato de quien pregunta. En una decisión con datos y alternativas comparables, puede aportar información que sí mueva la conclusión.

No preguntes sólo si el chatbot fue amable o crítico. Pregunta qué información nueva puso sobre la mesa y si esa información explica el cambio de opinión. Conlon y Schwardmann estudiaron esta diferencia.

4. Ellen Langer ayuda a formular una pregunta, no a cerrar el caso.

En 1975, la psicóloga Ellen Langer estudió cómo detalles como elegir un boleto de lotería, conocer el juego o participar en él podían llevar a las personas a sobreestimar su probabilidad personal de éxito en una situación de azar. A esa expectativa exagerada la llamó ilusión de control.

La conexión con un chatbot no está demostrada. Langer no investigó inteligencia artificial. Pero su trabajo sí permite hacer una pregunta razonable: ¿confundimos la capacidad de conducir la conversación con la capacidad de controlar la respuesta o el resultado que buscamos?

Podemos reformular la pregunta, pedir otra explicación o solicitar que el chatbot «se ponga en contra». Eso nos da cierto control sobre el intercambio. No garantiza que la nueva respuesta sea independiente, que haya considerado los hechos que faltan o que la decisión vaya a salir bien. La conversación se deja dirigir; el mundo, bastante menos. El artículo original de Langer sirve como punto de partida para esa hipótesis, no como prueba sobre los modelos actuales.

5. Usa el chatbot para probar tu idea, no para contar aplausos.

Antes de pedir una opinión, decide qué necesitas. ¿Quieres ordenar lo que pasó? ¿Encontrar opciones? ¿Revisar la evidencia? Son encargos distintos. Si buscas consuelo, una respuesta cálida puede servir. Si vas a tomar una decisión, también necesitas saber qué podría estar mal en tu razonamiento.

Una forma sencilla de abrir ese segundo tipo de conversación es pedirle que separe hechos, supuestos e interpretaciones. Luego pídele la objeción más fuerte y qué evidencia lo haría cambiar de conclusión. Si el tema involucra a alguien más, incluye la posibilidad de que esa persona describa los mismos hechos de otra manera.

Después, comprueba la respuesta fuera del chat: revisa una fuente, consulta a alguien con información distinta o haz una prueba pequeña. Si tu confianza subió, pregunta también qué dato nuevo la hizo subir.

El chatbot puede ayudarte a pensar con más orden. Pero que tu idea salga más ordenada de la conversación no significa que haya pasado una evaluación independiente. A veces el espejito no te dice que eres la más hermosa. Sólo te devuelve tu propia historia con mejor argumento.


Notas y fuentes

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