Gonzalo Hernández Araujo · Notas e investigaciones
Te vas a arrepentir de casarte. Y de no casarte también. Pero no por lo que crees.
La frase anda en todos lados, atribuida a Kierkegaard, usada para justificar cualquier cosa: quedarte o irte, casarte o no casarte, tener hijos o no tenerlos. «De cualquier forma te vas a arrepentir, así que da igual.» Suena a sabiduría antigua. También suena a la excusa perfecta para dejar de pensar la decisión con cuidado.
Fui a ver de dónde sale la frase y qué dice realmente la investigación sobre el arrepentimiento (regret) y los contrafactuales, esa comparación mental que hacemos entre lo que vivimos y lo que habríamos vivido si hubiéramos elegido distinto. La cita es real. La lectura que le damos, no tanto.
1. La frase es real. El consejo que le atribuyes, no tanto.
«Cásate, y te arrepentirás; no te cases, y también te arrepentirás.» Está en Either/Or (O lo uno o lo otro), publicada en 1843, dentro de la sección Diapsalmata. La Universidad de Copenhague la conserva ahí, sin ambigüedad sobre su origen.
Lo que se pierde al viralizarse es de quién es la voz. No es Kierkegaard hablándote directo, como un consejero de vida. Es un personaje, el «conferencista extático» de Diapsalmata, y la lectura académica lo conecta con la desesperación, con la sensación de que ninguna opción va a darte una satisfacción garantizada, no con una fórmula transferible a tu próxima decisión. Alastair Hannay lo desarrolla así.
No es un tecnicismo menor. Convertir la voz de un personaje en desesperación en el consejo directo del autor cambia por completo qué tan literal debes tomarte la frase.
2. El camino que no tomaste se edita solo, y siempre sale ganando.
Aquí sí hay algo real detrás de la intuición. La mente crea contrafactuales para explicar el pasado, y en el proceso los edita a tu favor. En estudios preregistrados, la gente sobreestimó consistentemente la alternativa que casi eligió, y esa sobreestimación produjo arrepentimiento que no correspondía a los hechos. Feiler y Müller-Trede lo documentaron en cuatro estudios.
Piénsalo como un producto que nunca compraste: nunca tuvo que sobrevivir tu rutina, tu cansancio, ni un mal día. La vida que no elegiste tampoco. Por eso siempre gana la comparación: compites contra una versión sin costos.
3. Lo que más se queda no es la culpa. Es la versión de ti que no llegaste a ser.
Davidai y Gilovich encontraron, en seis estudios, que los arrepentimientos que más duran no son los que rompen una obligación. Son los que hablan de una aspiración que quedó sin cumplir, la distancia entre quién eres y quién sentías que podías haber sido.
Explica por qué un arrepentimiento puede doler años después aunque nunca sepas cómo habría salido en realidad: no estás lamentando un resultado verificable, estás lamentando una identidad que esa decisión representaba.
4. «Actúa para no arrepentirte» es una regla útil, no una ley.
El hallazgo clásico dice que las acciones duelen más a corto plazo y las omisiones pesan más con los años, así que mejor actuar. Gilovich y Medvec lo documentaron y se volvió casi de sentido común.
El problema es tratarlo como ley física. La investigación posterior muestra que el efecto depende de tus valores, de qué tan justificable era la decisión en su momento y de qué tan deseable resultó. Un estudio reciente de Sunil H. Contractor encuentra que justificar una decisión puede reducir el arrepentimiento ante un resultado negativo provisional, al disminuir el autocastigo y el pensamiento contrafactual; el efecto se debilita cuando el resultado es definitivo o la alternativa era superior. Útil como heurística de decisión bajo presión. Malo como excusa para no pensar la decisión completa.
5. Ni casarte ni no casarte te blinda. Ni tener hijos ni no tenerlos tampoco.
Esta es la parte donde la frase viral se rompe más. En una muestra de padres polacos de 18 a 40 años, 13.6% respondió que, si pudiera decidir otra vez, elegiría una vida sin hijos. El estudio de Piotrowski también encontró que el arrepentimiento parental se asocia con dificultades económicas y de salud, aunque eso no prueba que una cosa cause la otra.
Al mismo tiempo, la idea de que no tener hijos se paga con arrepentimiento inevitable tampoco se sostiene. Una replicación preregistrada encontró que las personas childfree de 70 años o más no mostraron más arrepentimiento vital que los padres de la misma edad, aunque el propio estudio aclara que eso no mide directamente el arrepentimiento específico por no haber tenido hijos. Watling Neal y Neal, 2023.
Ninguna trayectoria sale limpia. Eso no es una derrota, es información: te dice que la pregunta correcta no es «¿cuál opción no duele?», porque esa no existe.
6. Confundir pérdida con error es donde se tuerce todo.
Hay una diferencia entre «extraño la vida que no tuve» y «elegí mal». La primera es una pérdida real, algo que puedes doler sin que signifique que te equivocaste. La segunda es un juicio distinto, y mezclar las dos es lo que convierte cualquier nostalgia en evidencia de fracaso.
También hay un punto ciego que la frase viral tapa por completo: hay personas que no eligieron entre dos caminos disponibles. No se casaron, no tuvieron hijos, no migraron, no persiguieron una vocación, no porque prefirieran la otra opción, sino porque faltó reciprocidad, salud, dinero, seguridad o permiso. A esas historias «elige tu arrepentimiento» les queda mal. No es una preferencia si nunca hubo elección real.
Si algo de esto te suena a una decisión que sigues cargando, hay una pregunta que ayuda más que la frase viral: si le quitas el guion social, la presión familiar y las restricciones que tenías entonces, y te dieras información real sobre cómo es la vida cotidiana de ambas opciones, ¿seguirías lamentando lo mismo?
Si la respuesta cambia, lo que estabas cargando no era la decisión, era la falta de información, de apoyo o de libertad para tomarla distinta. Si no cambia, probablemente estás frente a un deseo genuino, no frente a una fantasía. En los dos casos, la decisión deja de reducirse a comparar dos resultados y empieza a tratarse como lo que siempre fue: una elección sobre qué renuncia estás dispuesto a sostener.
Notas y fuentes
- University of Copenhagen, «Either/Or. Part One: The Aesthetic».
- Alastair Hannay, «Despair as Defiance: Kierkegaard's Definitions in The Sickness unto Death».
- Daniel Feiler y Johannes Müller-Trede, «The One That Got Away».
- Shai Davidai y Thomas Gilovich, «The Ideal Road Not Taken».
- Thomas Gilovich y Victoria Medvec, «The Experience of Regret: What, When, and Why».
- Sunil H. Contractor, «Investigating the Conditional Effects of Action Versus Inaction Decisions on Regret» (2026).
- Konrad Piotrowski, «How Many Parents Regret Having Children and How It Is Linked to Their Personality and Health».
- Watling Neal y Neal, «Prevalence, Age of Decision, and Interpersonal Warmth Judgements of Childfree Adults: Replication and Extensions».
- Moïra Mikolajczak et al., «I Should Not Have Had a Child: Development and Validation of the Parenthood Regret Scale».