Gonzalo Hernández Araujo · Notas e investigaciones
No le escribas “al público”. No existe, y por eso nadie te contesta.
Cada vez que te sientas a escribir un copy, un email o un post, hay una pregunta que casi nadie se hace en voz alta: ¿a quién le estoy hablando, exactamente? La respuesta automática —“a mi audiencia”, “a mis clientes potenciales”, “al público”— es la razón por la que la mayoría de lo que escribimos no le llega a nadie. No porque esté mal escrito. Porque no está dirigido a nadie real.
El consejo contrario suena casi ingenuo: escríbele a una sola persona, como si estuvieras platicando con ella en un café. Lo has escuchado mil veces, probablemente lo has repetido tú mismo, y quizás por eso dejaste de tomarlo en serio: demasiado simple para ser la explicación de por qué algunos mensajes se sienten como si te leyeran la mente y otros se sienten como ruido de fondo.
No es simple. La investigación encuentra que hablar de “tú” puede aumentar la atención autorreferente y la persuasión, pero el efecto es pequeño, depende del contexto y hasta puede volverse en contra en una conversación adversarial. Además, la técnica tiene un límite real en ventas complejas y una trampa en la que caen incluso quienes sí la aplican. Esto es lo que realmente pasa cuando cambias “el público” por una persona.
1. “Tú” puede hacer que el lector procese el mensaje como algo propio
Cuando lees un mensaje dirigido a “emprendedores”, “empresas como la tuya” o “quienes buscan crecer”, primero tienes que decidir si eso te incluye. Un mensaje que describe tu problema de manera específica puede ahorrarte esa duda: no necesitas traducir una categoría amplia a tu propia situación.
Hay evidencia de que la segunda persona favorece la autorreferencia: el lector relaciona el mensaje consigo mismo, lo procesa con mayor involucramiento y, en ciertos contextos, lo recuerda o evalúa mejor. Pero no es una fórmula automática. Un metaanálisis de 2026 encontró efectos positivos pequeños en persuasión y comprensión narrativa, junto con un efecto negativo en comunicación entre dos personas. “Tú” ayuda cuando vuelve relevante el mensaje; acusa o invade cuando se usa sin criterio.
2. No es imaginación. Es memoria.
Aquí es donde la mayoría se equivoca al aplicar el consejo: “imagina a tu cliente ideal” no funciona igual que “recuerda a un cliente real”. Un arquetipo inventado —nombre ficticio, edad, “le gusta el yoga”— sigue siendo un ejercicio de escritorio. Un cliente que de verdad existió, que te escribió por WhatsApp con sus palabras exactas, es otra cosa completamente distinta.
El copy más reconocible suele nacer menos de una sesión de brainstorming sobre el “buyer persona” que de releer las palabras exactas de un cliente real y escribir la respuesta como si se la mandaras a esa persona, no a una categoría de personas.
“The consumer isn’t a moron; she is your wife.” David Ogilvy
3. Si vendes en B2B, el “buyer persona” se queda corto
Esto puede sonar contraintuitivo si llevas años armando fichas de buyer persona: en ventas B2B, ese ejercicio suele ser insuficiente. No porque esté mal hecho, sino porque responde una parte de la pregunta. El buyer persona te dice quién es tu comprador —cargo, industria, tipo de empresa—, pero con frecuencia eso ya lo sabes: es el director de operaciones, el dueño del negocio o el gerente de compras. Eso no es todo el problema.
El problema real es que no sabes cómo decide. Qué tiene que pasar para que note el problema. A dónde va a buscar información. Quién más en su empresa tiene que dar el visto bueno antes de que firme. Eso no se inventa en una sesión de trabajo: se consigue hablando directamente con quien ya compró, o revisando por qué se perdieron los tratos que no cerraron.
“There are no facts inside the building so get the heck outside.” Steve Blank
4. Cada medio masivo aprende a simular una conversación íntima
Esto no es una moda de redes sociales. El patrón aparece una y otra vez: un medio masivo adopta recursos de conversación personal —la carta dirigida por nombre, el locutor que habla a una sola persona, el correo segmentado, el mensaje directo— aunque técnicamente llegue a miles al mismo tiempo.
Eso no significa que lo íntimo siempre gane. En mensajes adversariales, por ejemplo, abusar de “tú” puede sonar acusatorio y reducir la receptividad. La lección útil es más modesta: una audiencia masiva no obliga a escribir de forma impersonal. El canal distribuye a muchos; la frase todavía puede dirigirse a uno.
5. Sonar cercano no es el objetivo. Es la prueba.
Aquí está el error más común de quien ya cree en esta técnica: piensa que el objetivo es sonar cálido, cercano, “como un amigo”. No lo es. La calidez es solo la superficie. Lo que el lector realmente está evaluando, sin decírtelo, es si tú sabes algo específico y verdadero sobre su situación que la competencia no sabe.
Por eso un tono íntimo sin información real detrás se siente falso casi de inmediato: el lector detecta la diferencia entre alguien que lo conoce y alguien que está actuando que lo conoce. La intimidad no convence por sí sola. Convence porque es la evidencia de que hiciste la tarea.
6. Hablarle a una persona resuelve el tono. No resuelve qué decirle.
Este es el punto que casi nadie menciona, y es el que más dinero cuesta ignorarlo. Puedes escribirle a la persona correcta, con el tono perfecto, y aun así fallar: le dijiste lo que no tocaba en el momento equivocado. Alguien que todavía no sabe que tiene un problema no necesita que le compares tres proveedores. Alguien que ya está comparando activamente no necesita que le expliques el problema desde cero.
El café imaginario te dice cómo hablarle a esa persona. No te dice qué decirle. Eso depende de qué tan consciente está del problema y qué tan saturado está de mensajes parecidos al tuyo. Sin ese diagnóstico previo, puedes tener el tono perfecto y seguir sonando fuera de lugar.
La próxima vez que te sientes a escribir algo que de verdad importa —un email, una propuesta, el primer párrafo de tu sitio— no te preguntes cómo sonar más profesional ni cómo llegarle “a más gente”. Pregúntate esto: ¿a quién conozco lo suficientemente bien, con nombre y con historia real, como para escribirle a él o ella directamente? Y si no se te ocurre nadie, esa es la respuesta que necesitabas: no te falta mejor redacción, te falta una conversación real que todavía no has tenido.
Notas y fuentes
- Jian Jin y Ting Zhao, “A systematic review and meta-analyses on the psychological effects and mechanisms of the second-person pronoun ‘you’” (Acta Psychologica, 2026) — síntesis de 66 artículos: efectos pequeños y dependientes del contexto.
- R. E. Burnkrant y H. Rao Unnava, “Self-Referencing: A Strategy for Increasing Processing of Message Content” (1989), y Ryan E. Cruz, James M. Leonhardt y Todd Pezzuti, “Second Person Pronouns Enhance Consumer Involvement and Brand Attitude” (2017).
- David Ogilvy, “The consumer isn’t a moron; she is your wife”, en Confessions of an Advertising Man (1963).
- Steve Blank, “Get Out of My Building” (2009) — origen de “There are no facts inside the building”.
- Abbie Griffin y John R. Hauser, “The Voice of the Customer” (Marketing Science, 1993) — identificación y organización sistemática de las necesidades expresadas por clientes.
- Eugene Schwartz, Breakthrough Advertising (1966) — estados de conciencia del prospecto y de sofisticación del mercado, base de la idea de que el tono correcto no basta sin el mensaje correcto.