Gonzalo Hernández Araujo · Notas e investigaciones

El escándalo del examen de la UNAM cazó a los tramposos equivocados

En julio de 2026 la UNAM suspendió las inscripciones a licenciatura después de detectar "anomalías" en su primer examen de admisión en línea. Circuló un video con un lema que resumió el humor del momento:

"Si necesitas hacer trampa, haz trampa"

Miles de aspirantes que sí estudiaron se sintieron estafados. Otros salieron a defender lo indefendible con el argumento de siempre: "el que no tranza no avanza". Me metí a averiguar si esa frase, que llevamos repitiendo desde hace medio siglo, es cierta. La respuesta corta es sí. La respuesta completa es que casi nadie está señalando a quien de verdad le saca provecho.

Esto no es una defensa de los que copiaron. Es lo que encontré cuando dejé de mirar el examen y empecé a mirar los datos de movilidad social en México, el origen de la frase, y quién realmente se beneficia de tranzar.


1. Casi nadie defendió la trampa como algo bueno

Fui a leer lo que se decía en redes a favor de los que copiaron, esperando encontrar cinismo puro. No fue lo que encontré. La defensa más común no fue "está bien hacer trampa", fue "la UNAM la hizo fácil": un examen en línea sin controles reales, en 2026, con chatbots al alcance de cualquiera.

Eso importa porque cambia la conversación. No es que una generación perdió los valores. Es que cuando un sistema no impone un costo visible y a tiempo, la explicación que gana no es "hice mal", es "ustedes me lo pusieron fácil". Y tiene una parte de razón en el diagnóstico técnico, aunque no la tenga en la conclusión moral.

2. "El que no tranza no avanza" tiene 50 años, y nació describiendo otra cosa

La frase se popularizó en México en los años setenta y ochenta, en pleno clientelismo del PRI, cuando resolver un trámite sin mordida era casi un milagro. Describía algo real de esa época.

Con el tiempo se volvió una narrativa que sobrevive sola, independiente del contexto que la originó. Hoy la seguimos usando para justificar cosas que no tienen nada que ver con la mordida de los setenta, como copiar en un examen de admisión. Es un dicho que se volvió autónomo de los hechos que le dieron origen, el mismo patrón por el que una vivencia cultural sobrevive aunque ya se sepa que el mito que la explicaba está desmontado.

3. Sí existe una tranza que paga. No es la que salió en las noticias

Esto fue lo que más me sorprendió. La evidencia académica mexicana sobre movilidad social, cruzando encuestas de hogares con datos de corrupción, sí confirma que tranzar se correlaciona con mejores resultados en México. Pero no de forma pareja.

Para quien ya tiene contactos, capital o acceso a contratos, el atajo paga en grande y de forma sostenida: es la vía real por la que la gente se queda en la cima. Para quien no tiene ese capital, la informalidad o el atajo pequeño rinde poco: sirve para no hundirse, no para subir. Un aspirante que copia en un examen se parece mucho más al segundo grupo que al primero. Cuando alguien usó "no tranza no avanza" para justificarse, estaba pidiendo prestado un argumento que casi no le aplica a su propia situación.

4. Hay un tercer jugador que compra su lugar sin necesidad de copiar nada

La educación privada hace algo parecido a tranzar, sin que nadie lo llame así. Quien puede pagar colegiatura entra a instituciones con más apoyo, más flexibilidad académica y tasas de graduación más altas, mientras alguien con las mismas bases débiles, pero sin dinero, enfrenta el filtro completo de una universidad pública masificada.

No hay soborno ni examen vulnerado de por medio. Pero el resultado se le parece: el capital compra continuidad, no la garantiza el mérito. Es el tipo de ventaja que nunca genera un escándalo, un video viral ni una suspensión de inscripciones.

5. "Al final se filtra" es una verdad a medias

La otra frase que circuló para tranquilizar a los honestos fue esta: "no te preocupes, la carrera los va a filtrar". Es parcialmente cierta. Menor preparación previa sí predice más rezago y deserción.

Lo que no es cierto es que sea un filtro rápido o limpio. La eficiencia terminal en educación superior en México es de apenas 52%, muy por debajo del 68% promedio en países de la OCDE, y buena parte de quienes sí terminan avanzan con años de retraso en vez de ser corregidos de golpe. El filtro existe, pero opera por desgaste lento, no por justicia inmediata. Eso no consuela a nadie que se quedó fuera este año.

6. Yo también viví esto, aunque nunca hice el examen francés

Cuando hice mi máster en Francia entré con mi título mexicano, sin pasar por el Baccalauréat: ese examen es para quien termina el bachillerato francés, no para alguien que llega ya con una licenciatura de otro país. De hecho pude haber entrado directo al segundo año del máster, pero seguí la recomendación de cursar primero el año inicial.

El sistema que hay detrás del Bac ya lo conocía de antes. Se los oí describir a mis maestros de francés en México, años antes de irme. La idea central es simple: no todos los que terminan el bachillerato van a la universidad, y eso no se trata como un fracaso. Hay vías técnicas (BTS, DUT) que llevan a empleos serios y bien pagados sin que nadie sienta que se quedó a medias.

Esto suena mal decirlo, pero es cierto: no todo el mundo está hecho para estudios universitarios. No es un defecto, es una realidad de aptitudes e intereses distintos. El problema no es que alguien no vaya a la universidad. El problema es cuando no hay ningún camino digno para esa persona más que entrarle como sea a una carrera que no le queda, arrastrar rezago, o desertar sin nada que mostrar. Ahí es donde México no tiene equivalente: casi todo empuja hacia la universidad, sin una salida técnica igual de valorada.

Hay quien argumenta que estos sistemas de orientación temprana terminan reproduciendo la desigualdad de origen, porque las familias con más recursos navegan mejor la elección de vía. Es un punto justo y vale la pena tenerlo presente. Pero no es lo que más me llamó la atención a mí. Lo que me llamó la atención es que exista, al menos, una salida distinta a la universidad que no se sienta como un premio de consolación.

7. El problema más grande casi nunca es noticia

Esto es lo que más se me quedó grabado. Los tres mecanismos que encontré (élite que gana por contactos y contratos amarrados, privada que compra continuidad, individuo que copia un examen) tienen una relación exactamente inversa entre su tamaño real y su visibilidad pública. El más grande es el que menos indignación genera. El más pequeño fue el que paralizó a la UNAM. Es el mismo mecanismo, a otra escala, que explica por qué castigamos más al vecino que sube rápido que a quien siempre estuvo arriba: la desigualdad horizontal, entre pares, indigna más que la vertical, entre clases.

Tiene sentido si lo piensas: lo viral es lo que deja rastro, un examen con anomalías detectables, un video con un lema pegajoso. Esa ventaja en la cima, la de los contactos y los contratos, no deja ese tipo de huella. No hay screenshot para eso.


Nada de esto absuelve a quien copió. Pero si de verdad nos preocupa la trampa que le cuesta el futuro a alguien en México, la pregunta que vale la pena hacerse no es solo qué examen hay que vigilar mejor la próxima vez. Es por qué seguimos organizando la indignación pública alrededor del mecanismo más pequeño, cuando el más grande ni siquiera aparece en la conversación, y por qué seguimos empujando a todo mundo hacia el mismo examen único de alto riesgo en lugar de ofrecer más de un camino digno para llegar a algún lado.

Notas y fuentes

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