Gonzalo Hernández Araujo · Notas e investigaciones
No necesito que me encuentren. Necesito dejarlo escrito
No me veo haciendo bailecitos en TikTok, ni anunciando algo personal para que medio internet lo comente. Tengo años sin subir nada a Instagram o Facebook, y en X soy consumidor, no productor. Lo único que sostengo es esta web, donde llevo meses publicando artículos sin buscar que nadie en particular los encuentre. La pregunta que me hice fue simple: ¿eso es carácter, es que soy introvertido, o hay algo más detrás de quién necesita ser visto y quién no? Fui a revisar qué dice la evidencia y la respuesta no cabe en una sola palabra.
1. La pregunta mal hecha
La extraversión sí predice más actividad en redes: más tiempo conectado, más publicaciones, más contenido creado. Una revisión de 182 estudios lo confirma, aunque con contradicciones importantes en la literatura y bastante peso concentrado en Facebook y muestras de estudiantes. Bowden-Green, Hinds y Joinson (2020) lo dejan claro: la correlación existe, pero es parcial. Un estudio clásico encontró que la extraversión deja más rastro de actividad y conexiones en Facebook (Gosling et al., 2011). Y otro encontró justo lo contrario de lo que yo hubiera asumido: personas con menor extraversión reportaron más conductas de autoexploración en línea (Michikyan, Subrahmanyam y Dennis, 2014). El introvertido no es el que no se expresa. Es el que elige el canal y el ritmo.
Susan Cain hace esta misma distinción en Quiet: el introvertido no rehúye el estímulo por timidez, lo procesa distinto y elige con más cuidado dónde ponerlo. Eso encaja con lo que dice la evidencia arriba: no es ausencia de expresión, es preferencia de canal.
La pregunta útil entonces no es si soy introvertido o extrovertido. Es qué función cumple hacer visible algo, a quién le estoy hablando y con qué costo.
2. «Ser visto» no es una sola cosa
Publicar puede buscar estatus, sí, pero también afiliación, apoyo, documentación o simplemente entender algo que te está pasando. Una revisión sistemática de 57 artículos con 73 estudios en adultos distingue entre autodevelación (compartir algo real de ti) y autopresentación (construir una imagen). La autodevelación se asocia de forma más consistente con beneficios en las relaciones; la autopresentación que se percibe como falsa reduce la simpatía, no la aumenta (Șurariu, Carnelley y Hart, 2025).
Eso cambia cómo leo a alguien que anuncia una enfermedad en redes. Puede ser exhibicionismo. También puede ser pedir apoyo, informar a su círculo de una sola vez, o simplemente no querer cargar a solas con algo pesado. Asumir una sola intención sin conocer el contexto es una lectura moralizante, no un diagnóstico.
3. Los likes valen según quién los da
Aquí sí tenía una intuición y quedó parcialmente confirmada. En un panel de 1,910 usuarios de Facebook, la comunicación dirigida de vínculos fuertes se asoció con mejoras de bienestar. Los likes sueltos y la simple exposición a publicaciones amplias no mostraron el mismo efecto (Burke y Kraut, 2016). Otro estudio encontró que recibir feedback sí puede aumentar la sensación de conexión y reducir soledad en algunos usuarios, pero el efecto depende del contexto y de qué tan pendiente estás de tu imagen pública (Sun et al., 2023).
No es que el like sea vanidad pura. Es que un contador genérico no pesa lo mismo que un mensaje de alguien que conoces respondiendo a algo que dijiste. Confundir los dos es donde se pierde la mayoría de la gente que persigue métricas de redes.
4. El riesgo se cobra después
La recompensa de publicar llega al instante. El costo, si llega, llega tarde y es difícil de calcular de antemano. En un estudio de laboratorio con 88 participantes, publicar más información en Facebook se asoció con priorizar recompensas inmediatas y descuidar riesgos futuros. La muestra es pequeña y no se debe generalizar sin más, pero el mecanismo es coherente (Ostendorf, Müller y Brand, 2020).
Tengo un antecedente propio sobre esto. El año pasado leí que era posible geolocalizar una foto con inteligencia artificial y quise probarlo por mi cuenta: tomé una fotografía mía en Brasil, sin decir dónde había sido tomada, y le pedí a GPT-o3 que la ubicara. Analizó las pistas visibles, señalización, entorno urbano, una ciclovía, un paseo marítimo, referencias a Sicredi, y las cruzó con información disponible en la web. El resultado: muy probablemente João Pessoa, Paraíba, zona de Tambaú o Cabo Branco, sin llegar a un punto GPS exacto. No es magia ni es infalible. La investigación técnica confirma el rango: el sistema PIGEON acertó 40.4% de las veces dentro de 25 km en un escenario con panoramas de Street View, y sus propios autores señalan que la localización a nivel de calle todavía no es confiable de forma general (Haas et al., 2023). Traducido: una foto casual con suficientes señales de contexto puede acotar mucho el espacio de búsqueda, aunque no siempre dé una dirección exacta.
A eso se suma lo que ya sabemos de la publicidad digital: sitios y apps pueden rastrear ubicación, actividad entre sitios, dispositivo e historial para personalización (FTC). CISA recomienda limitar permisos de ubicación y evitar publicar en tiempo real algo que revele dónde estás (CISA). Y una foto casual puede traer metadata con fecha, ubicación y modelo de cámara sin que lo notes (EFF).
5. Mi web no busca audiencia, busca dejar constancia
Esta web abierta tiene dos funciones y ninguna apunta a una audiencia específica. Una es experimento: probar qué le pasa a una web «a la antigua» en 2026. Google ya reconoce que existe, pero hasta ahora no ha indexado ninguna de sus casi 20 páginas. La otra es archivo: dejar por escrito ideas que antes se quedaban en privado, con difusión abierta pero pequeña, un grupo de máximo cinco personas, sin meta de que me encuentre nadie en particular.
Eso la vuelve distinta de un feed. No se mide en alcance sino en dos cosas: qué aprendo sobre indexación y rastreo, y si el archivo queda bien hecho y sirve para algo cuando alguien lo lea, hoy o en cinco años. Publicar aquí no es actuar para un algoritmo. Es dejar algo disponible por si algún día alguien lo encuentra, no necesitar que me encuentre.
Antes de publicar algo personal aplico cuatro filtros, aunque nunca los había puesto en palabras hasta ahora: para qué lo hago (conectar, documentar, trabajar, desahogarme), quién lo va a ver además de a quién se lo dirijo, qué pasa si sigue ahí, indexado o copiado, dentro de cinco años, y qué parte podría retirar si me arrepiento. Para ubicación, rutina, salud y nivel de vida agrego fricción extra: nada en tiempo real, nada que permita triangular un patrón, revisar permisos, quitar metadata cuando aplique. No es vivir escondido. Es decidir qué parte de mi vida merece ser señal pública y cuál no tiene por qué serlo.
Notas y fuentes
- Susan Cain, Quiet: El poder de los introvertidos en un mundo que no para de hablar (2012).
- Bowden-Green, Hinds y Joinson (2020), «How is extraversion related to social media use? A literature review».
- Gosling et al. (2011), «Manifestations of personality in Online Social Networks».
- Michikyan, Subrahmanyam y Dennis (2014), «Can you tell who I am?».
- Șurariu, Carnelley y Hart (2025), «The social benefits of self-disclosure and self-presentation through social media: a systematic review».
- Burke y Kraut (2016), «Relationship Between Facebook Use and Well-Being Depends on Communication Type and Tie Strength».
- Sun et al. (2023), «Receiving feedback after posting status updates…».
- Ostendorf, Müller y Brand (2020), «Neglecting Long-Term Risks…».
- Haas et al. (2023), «PIGEON: Predicting Image Geolocations».
- Federal Trade Commission, «How Websites and Apps Collect and Use Your Information».
- CISA, «Social Media Account Protection».
- Electronic Frontier Foundation, «A Picture is Worth a Thousand Words, Including Your Location».